miércoles, 12 de noviembre de 2008

MONSERRATE, EL INIGUALABLE ESCENARIO DE UNA HISTORIA BAJO LA LUZ DE LAS ESTRELLAS

A lo largo del tiempo, los recuerdos se hacen mas lejanos, el tiempo pasa y se lleva los mejores tiempos, la historia marca una pauta importante en el acontecer de un país, una cuidad, un municipio, una comunidad, en este caso, de este terruño que ha admirada ha todo aquel que lo vista, un lugar que da paso a historias de vida que mueren ocultas en el silencio de las bocas de aquellos que hicieron parte de tan inolvidable época.

El cerro de Monserrate, uno de los lugares turísticos mas significativos de Bogotá, un lugar donde se reúne lo sagrado, lo interesante, lo milagroso y lo bello; un sitio cerca de las estrellas que acoge diariamente miles de fieles que suben hasta esta humilde capilla, a ofrecer ofrendas al Señor Caído como principal representamen del ser supremo que rige la religión católica por excelencia en los colombianos.

En 1977, aquellos que administraban Monserrate, decidieron buscar alternativas para lograr que mas fieles se acercaran a ésta y sobre todo que tuvieran visitas de extranjeros que admiraran la belleza no solo exótica del país, sino también divina, un espacio donde se apreciaba tanto la grandeza de la capital de Colombia, como la fé y la presencia de un Dios milagroso que regido por miles de agüeros a dado salida a muchos corazones tristes que se acercan en busca de consuelo.

De este modo, nació la idea de construir una plaza de toros, que se complementara con el servicio de mesa del restaurante San Isidro creado en el mismo año para suplir necesidades de los fieles. “El sueño se hizo realidad” gracias al duro trabajo en manos del maestro de obra Pedro “Púas” que levantó un becerrado, como l
o llamaban en aquel tiempo, con capacidad para 600 personas, un chiquero y cuatro burladeros, que fué ubicada cerca del funicular y el teleférico, cuando aún existían las telesillas que permitían un paseo por todo lo alto.

Era Julio de 1979, cuando se inauguró la primera y última becerrada en Monserrate de la historia, con la presencia de dos vaquillas, que según cuentan quienes asistieron a la gran reñida, se alquilaron por 50 mil pesos cada una, a un próspero ganadero se la época Don Fermín Sanz de Santamaría.

Una tarde inolvidable hasta para aquellas novillas que viajaron en teleférico, sus ojos se pusieron rojos, temblaban y estaban inquietas en la trayectoria de este camino totalmente desconocido, dicen que una de ellas se desmayó... para dejar su huella en este lugar catalogado como Santo, al llegar a la cumbre se enfrentaron con toreros improvisados, empleados que trabajaban en el cerro y miembros de la administración que mostraron sus dotes en el centro de la plaza, en medio de la alegría, el espectáculo, el aguardiente y la manzanilla, se confundía el significado de una novillada para la sociedad y la religión de aquel tiempo.

Un acontecimiento que se recuerda en el presente, un día hace 29 años, donde no se sacrificaron animales, no se pagaron famosos y exitosos toreros, ni papayeras que ambientaran el suceso, pero que para la historia quedará el recuerdo de tal vez la única becerrada en el mundo realizada en lo alto de un cerro; una ilusión que se derrumbó en tres meses cuando la arquidiócesis de Bogotá prohibió las corridas en el santuario, que según ellos violaba el concepto religioso del lugar.

No se sabe si se lograron los objetivos para los cuales se había construido la plaza, lo único que se sabe es que fue algo sumamente asombroso, una idea totalmente original que se extinguió a lo largo de unos pocos meses, pero que en el presente nos permite rescatar el origen de lo que hoy hace parte de nuestro mundo.

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