miércoles, 12 de noviembre de 2008

EL INSOMNIO DE UN MAR DE CEMENTO


Me desperté y no había nadie en la ciudad, la noche aún estaba joven, el viento golpeaba las ventanas con las hojas secas y desabridas de los árboles, me levanté y caminé con los pies desnudos hasta llegar a aquella cajita de los deseos que cada día dos deleita con un manjar que hace agua en la boca, preparé un café y mezclando el frío de la noche con el suave y caluroso aroma de una bebida caliente pensé “Una ciudad nunca duerme” pero... ¿porqué me siento tan sola?

La soledad, dicen muchos que es un sentimiento, un sentimiento que nos lleva a estar solos, a sentirnos inútiles, sin sentido, es como una banda de rock sin bateristas, o como una bailarina sin música, o simplemente como un leñador sin hacha, es sentirnos incomunicados y fuera de un mundo real, que a veces se torna ficticio, porque aísla de nuestro pensamiento lo que realmente es, nos pinta un mundo de colores y formas, como un juego de muñecas o una película de Nemo o todos aquellos inventos y composiciones fantásticas de nuestros tiempos.

Bogotá es “una ciudad que nunca duerme”,es viva, es armoniosa, es un mar de cemento que mantiene activadas sus antenas las veinticuatro horas del día, es un búho o un currucuy en lenguaje mas coloquial, que se desvela para ser testigo de la hermosa noche que nos espera una noche donde todos duermen, ¡pero yo no!, yo me mantengo tan vigente como lo hace la ciudad, me gusta oír sus suspiro de descanso en la noche, cuando no esta siendo asfixiada por el oscuro maloliente humo de los carros, contaminada y lastimada por los caminantes que la transitan a diario, quienes dejan plasmada su huella en cada una de sus calles y sus rincones, recuerdos de huellas que se borran pero que marcan en su corazón la pauta de quien algún día hizo parte de ella y durmió en su seno, como duerme un bebé en el pecho de su madre, yo duermo en el seno de la capital de mi madre patria.


¿Porqué me siento tan sola?, me pregunto, tal vez porque la noche es para dormir, todos descansan unos mejor que los otros, debido a la situación económica que atraviesa nuestro país actualmente, a la pobreza y la marginalidad que ronda las calles del centro de la cuidad, los mas ricos en una inmensa cama, con ventilador, calefacción, en fin, otros en una cama de verde espuma, espuma que alimenta animales, y que es tan escasa como el dinero de sus bolsillos, estos talvez no descansan, simplemente reclinan su cuerpo en un campo abierto que hace las veces de hogar, allí esta su cuerpo, pero su mente esta pensando en el mañana, en el pasar del tiempo y las horas, en los retos que tendrán que sortear al día siguiente para no morir de hambre, en una cuidad tan inmensa, con muchas oportunidades pero con una serie de velos fantasiosos que oscurecen la mirada de nuestros ojos, así como muere la juventud de esta noche y empieza a envejecer al ritmo del café que se desocupa en su vaso.


La ciudad y la soledad son desconocidas, Bogotá es un nuevo mundo que nos ofrece posibilidades de salir, de vivir, de volar como cometa de agosto, la soledad es un resultado del silencio, un silencio que atormenta las noches y que le da a muchos hombres la sensación de estar solos, de estar acostados en un rectángulo de madera que los hace sentir como prisioneros, prisioneros de sus recuerdos, de su preocupación y su visión por el mundo.

Ahora, mi insomnio es falso, me he dado cuenta que mi soledad es una simple figura absurda creada por mi conciencia, esta cuidad es un paraíso tangible, un universo que me acompaña y me guía, una luz que no se extingue ni en el amanecer, ni el anochecer, ahora siento mis ojos como dos pesas que descansan en mis párpados, mis palabras se ocultan bajo el ruido de los carros que circulan en la noche, ese rectángulo de madera que es mi cama ahora significa el cielo a donde quiero llegar, las cobijas son una dulce tentación, pero...no me quiero dormir, quiero vivir y presenciar este insomnio que refleja la crueldad de una capital que “nunca duerme”...Bogotá, la blanca estrella que alumbra en lo Andes.

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